Archivo sonoro · Publicidad radial

Cómo se armaba un jingle en los estudios de Radio El Mundo

Del piano de cola a la cinta maestra: el proceso de grabación publicitaria entre 1945 y 1962

Publicado el 12 de marzo de 2025 · Sección Archivo · Lectura de 8 minutos

Un jingle de treinta segundos que hoy suena en un archivo digital nació, casi siempre, en una sola toma. Entre 1945 y 1962, los estudios de Radio El Mundo en Buenos Aires funcionaban como una usina publicitaria: la orquesta, el locutor y el coro compartían la misma sala, y el técnico de sonido tenía que resolver en vivo lo que hoy se corrige con una edición.

Las fichas técnicas que conservamos en el museo permiten reconstruir ese flujo de trabajo. En una jornada típica se grababan entre cuatro y seis cuñas. La partitura llegaba la mañana anterior, con la letra ya aprobada por el cliente y una indicación de duración que rara vez superaba los treinta segundos. El piano de cola marcaba la base armónica; el bandoneón, el violín y el contrabajo completaban la formación habitual.

La cinta magnética de dos pistas imponía sus propias reglas. No había margen para sobregrabar sin perder calidad, así que cualquier error obligaba a repetir la toma completa. Los técnicos recuerdan que el momento más tenso era el acople entre la voz del locutor y el coro: si el balance no cerraba en la primera pasada, se gastaba cinta y tiempo de estudio.

Qué está documentado y qué es reconstrucción

  • Documentado: duración estándar de treinta segundos, instrumentación básica y cantidad de tomas por jornada, según fichas técnicas del archivo.
  • Documentado: uso de cinta de dos pistas y limitaciones de sobregrabación, confirmado por manuales de la época.
  • Reconstrucción: los tiempos exactos de ensayo y la distribución del trabajo entre locutor y coro provienen de testimonios orales recogidos entre 2008 y 2014.
  • Reconstrucción: el orden de grabación por bloques horarios se infiere de entrevistas, no de registros escritos.

La sala, el piano y el reloj

El piano de cola no era un detalle decorativo. Su presencia definía la afinación del conjunto y obligaba a ubicar los micrófonos en función de su caja de resonancia. Los coros se colocaban a un costado, con un solo micrófono compartido, y el locutor quedaba al frente, cerca del atril. Esa disposición, repetida durante casi dos décadas, explica por qué muchos jingles de la época comparten una textura sonora reconocible.

El reloj era el otro protagonista. La duración de treinta segundos no era una convención estética: respondía a los formatos de aviso que las emisoras vendían a los anunciantes. Pasarse por dos segundos podía significar rehacer la toma, y con ella, la jornada entera.

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